¿Qué es el etnocentrismo?

 

Africa-colonialism1El concepto de etnocentrismo fue acuñado a principios del siglo XX por el sociólogo y pacifista estadounidense William Sumner, que lo definió como “la forma de ver las cosas en la que el propio grupo es el centro de todo y todos los demás grupos son ordenados y evaluados en relación a él”. Podemos caracterizar así el etnocentrismo como un proceso psicológico de índole narcisista que divide la pluralidad humana en dos ámbitos distintos y de diferente calidad: el grupo propio y los grupos ajenos. El grupo propio es el del colectivo al que se adscribe el observador etnocentrista —su país, su “cultura”, su “raza”, el conjunto de los hablantes de su lengua o cualquier otra categoría social, existente o inexistente, de la que se considere miembro— y es al mismo tiempo el grupo superior y modélico: sus características pueden ser utilizadas como raseros universales con los que medir a todos los mundos ajenos, que siempre resultarán en comparación carentes e inferiores.

El etnocentrismo parte entonces de una dualidad sospechosa: nosotros y los otros. Es sospechosa por su pretendida simplicidad y homogeneidad, dado que hablamos del océano de la diversidad humana, que llega en sus infinitas combinaciones (y contradicciones) hasta el ámbito de lo individual. Nosotros supone creer que todos los miembros del grupo que el etnocentrista ha establecido como propio son en lo fundamental iguales, que pueden ser definidos y explicados a partir de los mismos rasgos. Supongamos, por ejemplo, la categoría nosotros como “europeos”. ¿Qué tipo de realidad común o forma homogénea de ver el mundo estamos presuponiendo? No es lo mismo la vida cotidiana en Tirana o en Liverpool, en Vigo o en Cracovia… Y si redujéramos el ámbito, no mejorarían mucho los índices de homogeneidad. ¿Cuál es la “mentalidad” de “los españoles”? ¿La forma de pensar de monseñor Escrivá, la de Durruti, la de Jesulín de Ubrique, la de José Luis Sampedro? Es bien conocida la solución de los etnocentristas militantes para salvaguardar la idílica uniformidad que la realidad refuta: el recurso al estereotipo y al traidor. Unos serían “mejores” representantes del grupo que otros, porque su forma de pensar o de vivir se acercaría al estereotipo mítico que se ha decidido establecer como genuinamente propio. A partir de ahí empieza siempre el pensamiento totalitario y la persecución de los disidentes, que no es otra cosa que la persecución de la diversidad que no se acepta.

 

© Miguel Peyró, 2013.

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