Uniformidad, diversidad y comunicación

 

I

350px-Confusion_of_TonguesCierta perspectiva sobre el mundo entiende la diversidad lingüística como un riesgo para la comunicación. En la cultura judeocristiana occidental contamos con un mito espectacular que sustenta este punto de vista: el mito de la Torre de Babel. El texto bíblico explica la pluralidad de idiomas del mundo como un castigo, como la venganza de la divinidad por la soberbia de una humanidad unida. La misma perspectiva subyace en los que defienden las ventajas para el desarrollo y la paz internacionales que supondría que todas las personas del mundo conocieran una misma lengua, sea ésta el inglés en nuestros días o una lengua artificial del tipo del esperanto o la interlingua. En los estudios culturales, una forma similar de ver las cosas ha adoptado el nombre de transculturalismo.
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El concepto de “progreso” desde una perspectiva intercultural

 

Hand_car_magic_lanternPocas palabras son tan mágicas para nuestra modernidad como progreso. Incluso aquellos que desde el ecologismo la cuestionan como un producto ideológico del desarrollismo industrial, suelen seguir definiéndose a sí mismos como “progresistas”. No están a favor del progreso mercantil y fabril, pero sí del progreso político. En torno al progreso prácticamente todas las ideologías políticas occidentales se congregan: la Alianza por el Progreso fue el nombre de uno de los proyectos norteamericanos para América Latina, criticado por la Unión Soviética en numerosas publicaciones de su Editorial Progreso. Pro-greso significa literalmente “ir hacia adelante” (como in-greso significa “ir hacia dentro”) ¿Quién podría estar en contra de eso? ¿Quién podría preferir retroceder?

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Diversidad cultural e identidad humana

 

2-4Hay personas que por determinadas razones se niegan a aceptar la diversidad cultural —y por lo tanto comunicativa— de nuestra especie. O consideran que es un fenómeno meramente aparente, al que no se debería dar tanta importancia en nuestros días. Las culturas serían diferentes sólo superficialmente (Harris), las lenguas serían diferentes sólo superficialmente (Chomsky)… Les mueve a estas personas, en los mejores casos, una cierta filosofía humanista ilustrada que cree necesario recalcar —so pena de crear terribles fisuras y enfrentamientos entre las sociedades del planeta (“choques de civilizaciones”)— la universalidad de la especie humana. Es cierto que biológicamente los seres humanos somos una única especie, que la supuesta gradación en “razas” de las capacidades o de la inteligencia es un discurso torpe y absurdo que no resiste la simple evidencia. Pero es verdad también que los humanos somos animales sociales dotados de una fantástica capacidad para comunicarnos (mediante la actividad verbal, mediante la creación de complejos sistemas simbólicos de todo tipo) y que este peso determinante de la comunicación en nuestra existencia llega a hacernos ver el mundo (el mismo mundo) de formas muy diferentes. Sigue leyendo