Uniformidad, diversidad y comunicación

 

I

350px-Confusion_of_TonguesCierta perspectiva sobre el mundo entiende la diversidad lingüística como un riesgo para la comunicación. En la cultura judeocristiana occidental contamos con un mito espectacular que sustenta este punto de vista: el mito de la Torre de Babel. El texto bíblico explica la pluralidad de idiomas del mundo como un castigo, como la venganza de la divinidad por la soberbia de una humanidad unida. La misma perspectiva subyace en los que defienden las ventajas para el desarrollo y la paz internacionales que supondría que todas las personas del mundo conocieran una misma lengua, sea ésta el inglés en nuestros días o una lengua artificial del tipo del esperanto o la interlingua. En los estudios culturales, una forma similar de ver las cosas ha adoptado el nombre de transculturalismo.
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Las culturas como contextos lingüísticos

 

17500f22aa.jpg-500x487Posiblemente algunos de los puntos muertos a los que se ha llegado en los debates sobre las relaciones entre lengua y cultura tengan que ver con la propia caracterización de qué es y cómo funciona una lengua. Hay dos grandes maneras de concebir esta cuestión, que, al convertirse en corrientes dentro de la lingüística, responden técnicamente a los nombres de formalismo y funcionalismo. Son dos enfoques o perspectivas sobre las lenguas que atraviesan no sólo los textos lingüísticos teóricos, sino las descripciones de lenguas concretas e incluso sus métodos prácticos de aprendizaje.

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El poder de las palabras: Un experimento

 

1984-orwellEn su novela 1984, uno de los hitos fundacionales del género literario cyberpunk, George Orwell imagina una sociedad dictatorial —Oceanía— en la que el dominio de la población se ejerce fundamentalmente a través del lenguaje. Los amos de Oceanía controlan y modifican la lengua con el objeto de controlar y modificar los pensamientos de los ciudadanos. Trabajan incansablemente sobre un perverso proyecto, la neolengua (newspeak), que evitará en un futuro próximo toda posibilidad de disidencia.

La tesis de Orwell viene a ser que no podemos pensar aquello que no podemos nombrar, que una lengua establece en su vocabulario las “unidades de realidad” que pueden concebir quienes la usan. Por ejemplo, si la palabra rebelión no existe en una lengua, quienes la hablan no podrán rebelarse. Ese es el objetivo básico de la neolengua de Oceanía. Es sin duda ésta una tesis radical, a la que contradice la simple experiencia cotidiana: todos podemos pensar en personas que hemos visto y cuyos nombres no sabemos. No nos hace falta conocer cómo se llama un artilugio para poder recordarlo. Incluso tenemos la conciencia más o menos clara de emociones para las que no creemos que exista un nombre concreto en nuestra lengua. Sigue leyendo

Lengua, nación y cultura

 

mundusLa relación especial entre lengua y cultura se ha defendido y se ha criticado de muchas formas, la mayoría de ellas —hay que decirlo— bastante inconsistentes. Quisiera ir tratando en este blog de las principales.

Quizás la que más se ha propagado entre las personas ajenas a los estudios sobre el lenguaje es la que defiende que cada lengua es un sistema cerrado que se corresponde con una cultura específica. Esta presuposición, formulada de esta manera tan simplista, pivota histórica e ideológicamente en torno al concepto de nación. Tiene por lo tanto sus orígenes en la teoría occidental del nacionalismo, tal como fue concebida y difundida a partir del siglo XIX. Como se sabe, para los primeros nacionalistas “una nación” era igual a “una cultura” y se descubría sobre el rico y complejo mapa de la diversidad humana porque correspondía a la extensión de “una lengua”. En uno de los ejemplos más célebres, Alemania (como nación) era el ámbito específico de la cultura alemana y se extendía allí donde se hablara alemán. Lo quisieran o no, los alsacianos o los luxemburgueses eran alemanes, ya que hablaban alemán. El hecho de que la lengua y la nacionalidad tuvieran el mismo nombre —en este caso, alemán— era fundamental para fomentar esta confusión. Sigue leyendo